sábado, 1 de julio de 2017

COLOMBIA, una nación de apenas 25 años


Colombia es un país joven, casi adolescente, que a mi manera de ver las cosas no alcanza ni siquiera los treinta años. Somos una nación que solo hasta ahora  se está despertando ante su propia identidad, y aunque creamos que ya todo está dicho sobre nosotros, sobre lo que somos o lo que hacemos, la ciudadanía colombiana es una condición naciente,  emergente, una respuesta al prolongado letargo histórico y cultural.

Equivocadamente hemos celebrado nuestra independencia a partir del 20 de Julio de 1810. Es obligatorio que nos preguntemos, ¿De qué o de quién nos independizamos? Por aquel entonces, en el mal llamado grito de independencia,  no fue la voluntad soberana del pueblo la que generó las revueltas, esas habían pasado por allá en el lejano 1781,  sino fue un mandato de criollos prestantes y ambiciosos que reclamaban una transición del poder, una utopía de república sustentada en las ideas románticas e ilustradas, para manejar un nuevo país. Que Viva el Rey, abajo el mal gobierno, proclamaban los vítores.  Si analizamos esta frase no podremos encontrar en ella algún significado de independencia. Es más bien un mensaje para reclamar el poder y la administración del virreinato. Sería una ignominia desconocer los grandes ideales que surgieron en esa época,  no reconocer el inspirador discurso de algunos próceres, Antonio Nariño por ejemplo, pero ya es hora que veamos las cosas como han sido realmente.

Desde que Colombia se ha llamado Colombia una cosa podemos encontrar: La polarización. Este ha sido el medio más efectivo para mantener en el poder a los escasos grupos que se han repartido la nación. El ciudadano, al querer legitimarse como tal, siempre ha tenido que escoger un bando. Es claro que la finalidad de cualquier partido político es llegar al poder, pero después de doscientos años, léase bien, DOSCIENTOS AÑOS!,  para mi es claro que todos y cada uno de esos partidos políticos, que vienen siendo el mismo al fin de cuentas, han impuesto siempre el bienestar propio sobre el bienestar común. Quien niegue esta verdad es un optimista mal informado. La guerra política en Colombia nunca fue una cruenta batalla entre Liberales y Conservadores, fue una salvaje masacre entre liberales pobres y conservadores pobres, y solo bastó un abrazo entre dos vejetes de presidentes en él Gun Club de Bogotá, entre whiskeys y lagartos,  para que se “acabara” la guerra (William Ospina, 1996), cuando en los campos aun se sentía la pestilencia de millones de campesino muertos. Esa paz fue repartirse el poder, usufructuarse del estado, como bien diría un ex presidente de Colombia: Mantener la corrupción en sus justas proporciones. (Julio Cesar Turbay).

El ciudadano colombiano siempre ha sido manipulado, engañado, manoseado, y por consiguiente, invitado a permanecer en la indiferencia y el abandono, para así poder seguir manteniendo este macabro sistema de corrupción e impunidad. En la historia de Colombia,  el pueblo colombiano solo ha cambiado de reinado, pero nunca ha construido un proyecto nacional ciudadano (Otra vez Ospina, 1996).

Pero no todo es color de hormiga para nosotros los ciudadanos colombianos. Aparte de la polarización que aun continúa, guiada por presidentes y ex presidentes que son como una misma mala hierba reencarnada en muchos cuerpos y muchos nombres, la situación cambió el 4 de Julio de 1991, cuando se firmó y entró en vigencia la nueva constitución. En ella el poder del estado reside en el pueblo, y la democracia pasó de ser “representativa” a ser participativa. Me permito transcribir el artículo tercero de la constitución, algo muy bello de leer, que parece poesía:

ARTICULO 3. La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder…


Es por esto creo que apenas Colombia tiene 25 años, porque fue a partir de la constitución del 91 que se trazó la posibilidad de que Colombia sea una nación con un proyecto nacional, una hegemonía ciudadana, con muchos medios para garantizar esta utopía. Lo que nos queda de ahora en adelante es hacer efectiva esta enmienda. Ya se acabó el tiempo para que nos sigan polarizando en oscuros bandos. Ya se acabó el tiempo de creer en los mismos con las mismas. Ya se acabó el tiempo de no estar unidos. Lo que sigue es construir un país. 

sábado, 22 de abril de 2017

U2 para GeeK


la banda sonora en TDK

En la casa de mi infancia, y puntualmente en el estrecho baño compartido con mis dos hermanas, instalada en el mesón del lavamanos, saturado por jabones, cremas contra el acné y toda la saga de champús Sensus, había una destartalada grabadora sin tapa que era sin duda el eje de todo el desorden. Mientras mis hermanas se encerraban en el baño a refinar sus copetes Alf escuchando música a todo volumen, yo era resignadamente consciente a mis diez años que nunca clasificaría al agua caliente. Por aquel entonces estaba aprendiendo a tocar guitarra, y mi hermana mayor, sin ningún escrúpulo, me retó a tocar una canción del grupo de rock que escuchaba una y otra vez en un desgastado cassette TDK 60 mientras se bañaba. La canción era With Or Without You, la cual yo había escuchado repetidamente en la superestación de TU-TU-TU-TU-TULIOO ZULUAGA. Acepté el reto sin miramientos y luego de varios días encontré el mini arpegio en el décimo traste de las dos primeras cuerdas de la guitarra. Luego saqué los bajos. Con un orgullo casi invicto le dije a mi hermana que había podido sacar la canción, pero fui enfático al decirle que era físicamente imposible tocar las dos cosas al tiempo, el arpegio y los bajos, ya que ningún ser humano lograría tal hazaña. Ella casi riéndose, burlona y pendenciera, me dijo que la verdad es que el guitarrista tocaba la sexta cuerda con los dientes. !!! Eso era lo más estúpido y loco que había oído, pero fueron tan infalibles sus palabras, que pese a lo absurdo y traído de los cabellos, pensé que era cierto. Así que día y noche intenté hacerlo, siempre con un resultado repugnante.

Ese fue mi primer acercamiento al The Joshua Tree, gracias a la leyenda urbana inventada por mi hermana. Entendiendo que esa demencia no era verdad, luego escuché todo el disco con calma, abandonando casi para siempre mis intentos de tocar guitarra.  Ese disco de cincuenta minutos empezó a convertirse en un punto recurrente de mi vida diaria, tan así, que en un segundo intento de acércame a las artes, participé en un concurso de cuento en el colegio con un relato titulado Bajo un cielo irlandés. Era evidente la influencia de ese grupo musical que escuchaba casi todos los días. El cuento era malísimo, perverso, y aunque estaba inspirado en Where the streets have no name, no tenía nada que ver con la canción, ya que por los  años ochenta el acceso a las letras traducidas era como un sueño imposible de cumplir. El internet era una lejana ocurrencia.

Como no tenía la capacidad de sacar de la mesada del colegio para ir a Prodiscos o Discos La Rumbita a comprar más música de esa banda, tuve que conformarme mucho tiempo con el cassette TDK de mi hermana que día tras día trastabillaba más de la cuenta. Sin embargo, y a eso lo llamó destino, mi segunda hermana empezó a estudiar medicina y llevó a la casa a un excéntrico compañero quien le había puesto a su mascota el nombre de Bono. El tipo era mucho más fanático que yo, y entendiendo mi terrible necesidad, él empezó a prestarme todos los discos que tenía. Era mi dealer. Él tenía casi todo, hasta el Wide Awake In America ¡!.
Ya armado de siete discos enfrenté el inicio de mi adolescencia, época aterradora y maravillosa, y casi todos los sucesos de esa rebelde edad  los puedo relacionar con alguna melodía. De esa forma U2 se había convertido en la banda sonora de mi vida, día y noche escuchaba los cassetss, y en un increíble día escolar, bendito día, me gané una polla por apostar con un aplastante 4-0 la derrota del Atlético Nacional contra un equipo innombrable del Brasil en la copa libertadores de américa. Con ese dinero pude entrar de manera triunfal a Prodiscos de la 15 y me compré el octavo disco que me hacía falta, el Rattle and Hum. Fue el primer disco que compré, ya en formato digital CD.  

Lo que pasó después lo puedo llamar advenimiento. Llegaban los mediados de los años noventa, y pese de haber encontrado en el Acthung Baby lo mejor que había escuchado en mi vida, las estaciones de la radio se estremecían con nuevos sonidos extraños y alternativos, y mi colección musical empezó a deslizarse a Sonic Youth, Primus, Smashing Pumpkins, Pearl Jam, Sagrada Escritura, 1280 almas, y como lo único que había escuchado en mi vida era U2, los nuevos sonidos me cautivaron y me alejaron abruptamente de mi banda favorita.  

Los años pasaron, permitiéndome encontrar otros grupos increíbles que actualmente también me definen, y aquello coincidió con los  tímindos intentos de la banda de reinventarse, y pese a la increíble If you wear that velvet dress y la exuberante Dirty days, los discos Zooropa y Pop no llenaron mis expectativas en ese momento.

Parecía que mis amores con U2 se habían acabado para siempre, pero los caminos musicales son inciertos. Un 7 de diciembre del año 2000, a eso de las cinco de la tarde, compré casi sin motivarme el disco All that you can leave behind y escuché a todo volumen su primera canción Beautiful Day. Dirán que es imposible recordar el día y mucho menos la hora, pero todo lo que he dicho es verídico, ya que ese mismo día por la noche,  por un golpe del destino, salí a bailar por primera vez con una mujer que después se convertiría en mi esposa y es quien ha tenido que escuchar por más de 11 años todos los discos yutuenses hasta el cansancio. Nuevamente U2 se convertía en parte de mi banda sonora.

Y la historia sigue, pero no quiero aburrirlos más. Lo que sigue ahora para mi es que después de 27 años de ser fanático de U2, tengo la certeza que este año podré verlos por primera vez en vivo… realmente.. realmente es algo que aún no me lo creo.



viernes, 16 de diciembre de 2016

Los Cerros Orientales

Se alcanza respirar cierta incertidumbre y aprensión en las pálidas oficinas de la constructora  cuando el residente de obra, portando un grueso informe geotécnico bajo el brazo, cruza el portal de vidrio con un pausado caminar, dilatando con su respiración y sus opacos lentes ovalados, la importante noticia del derrumbe que sufrió  la tercera etapa del proyecto Bauhaus.

Este proyecto, como muchos otros, tiene la privilegiada panorámica de una ciudad convulsionada y lustrosa, cuyo crecimiento es sistémico y errado, tal como crece el fuego en la sedienta madera de un bosque. Debemos entender que vista panorámica es sinónimo de distinción, porque por un costado Bogotá se extiende en su sabana tropical y por otro costado los cerros orientales bañan la vista mañanera, justificando románticamente los siete millones de pesos por metro cuadrado que pagaron las muchas parejas de abogados y escritores que vivirán en el doceavo piso.

Foto 1
De esta forma, a lo largo de los últimos treinta años, Bogotá se ha ido acercando sospechosamente  a las laderas de los cerros. La justificación jurídica ha de existir en la gran mayoría de los casos, siempre y cuando haya poder económico para pagar las licencias de construcción. En la foto No 1 podemos observar como la ciudad está invadiendo la montaña, y  no es precisamente el barrio Bosque Calderón donde se sufrió el derrumbe que el residente Romero viene a informar a sus jefes.


En cada proyecto que se construye en las laderas de la montaña siempre se ha de tener un estudio de suelos y una fundación portentosa, realizadas por ilustres y doctos ingenieros de la escuela positivista, que siempre darán soluciones estructurales y definitivas a la estabilización de los suelos. Es por esta razón que en pocos minutos Romero sale feliz al tener unos planos milagrosos, que garantizan la felicidad de los futuros alto chapinerunos. Sin embargo,  considero desde mi ignorancia, que todas las soluciones que se han dado para contener los cerros orientales han sido vistas de manera individual, proyecto por proyecto, pero desconozco de un gran estudio que haya contemplado los efectos globales. El Acuerdo 20 de 1995, código de construcción de Bogotá, que está subordinado y contradicho por la Ley 400 de 1997 (NSR-10), no veo que regule o proteja o por lo menos destine un concienzudo análisis de cómo debemos construir en las laderas de nuestros bosques bogotanos. En parte lo entiendo por ser una copia de normas estandarizadas de otros países.

Considero que la sumatoria de los efectos de la construcción de vivienda en los cerros orientales no debe considerarse de carácter lineal, sino de una manera exponencial. Imaginemos todos los edificios del sector de chapinero alto que han roto la montaña para la construcción de sus múltiples sótanos. Los podemos contemplar en la siguiente foto. Para mi es evidente que aunque se logre estabilizar cada  proyecto, estamos quitando de manera global y definitiva todo el soporte a la ladera.
Foto recuperada de http://www.elespectador.com

Considero que el efecto nocivo de las construcciones en los cerros orientales, se traduce en lo siguiente:

          1. Cambio en el uso del suelo
     2. Alteración en el ecosistema
    3. Modificación en la red de drenajes de las montañas. (Cambiamos ríos por cunetas, cárcamos, pozos eyectores).
           4.Afectación a la flora y fauna
            5.Socavación antrópica


Sin embargo, y de manera afortunada, en la actualidad se cuentan con varios decretos que buscan la protección de estos ecosistemas, entendiendo que ya el ciudadano ha tenido la correcta preocupación de procurar una protección a nuestro ambiente. De hecho, - y la fuente es mi esposa Mononoke-, los cerros orientales han tenido cierta recuperación durante el siglo pasado, partiendo desde su estado casi desértico que tenían en épocas coloniales. 

Foto recuperada de http://www.bogota.gov.co/ciudad/historia 

Foto recuperada de http://tupatimoniobogota.blogspot.com.co/

El motivo de esta primaria motivación personal para documentarme sobre los cerros orientales  de Bogotá obedece a que además del hecho que aun se permita construir en la montaña, existe una propuesta para la construcción de un sendero supuestamente "ecológico" por parte del actual alcalde de turno, Enrique Peñalosa, quien en su campaña propuso una ciclovia de 80 km por todos los cerros orientales, creyendo erróneamente que retirar vegetación para se reemplazarda por adoquin, concreto, asfalto, bases compactadas, va en sinfonía con la recuperación del ecosistema. 

Esta es mi primer pesquisa del tema. Ya me dedicaré a dar lectura de los decretos, las propuestas del distrito, los estudios preliminares, en espera de poder encontrar una tranquilidad al ver que nuestro gobierno cuida de nuestros recursos. Bienvenidas todas las críticas a lo que dije en este blog, seguramente habrá imprecisiones técnicas y/o juridicas. El que me ayuden a esclarecer todo lo relacionado con este tema que me preocupa, será muy gratificante para mi. 

Gracias a todos por tomarse el tiempo de dar lectura a esta humilde opinión.

Cordialmente 
Felipe Donoso

viernes, 12 de agosto de 2016

Carta de renuncia



Yo me pregunto por esta hora del ruido,
La que satura el espacio, las voces,
Como un lenguaje insonoro y sub-armónico,
Cromático,
Que viene vibrando a la frecuencia del miedo.

Ahora mi jefe está gritando,
Impregnándome,
Como una criatura que se resbala por mi pensamiento,
Adherida,
Y yo me pregunto por qué el mundo se llenó de hambre,
Por qué la gente vive mendicante,  
Y ella me habla con números,
Con armas
 corazas  nucleares
Y yo del espanto me sumerjo en el agobio:
Aquel manantial oscuro.

Ya son las cinco treinta.  
Con Ailyn cerramos las puertas del despacho.
Atrás se queda la torre Cusezar.
Nos alejamos caminando,
Oscuros,
Submarinos. 




domingo, 3 de febrero de 2013

Lo insoportable



Muy recomendada la lectura de “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera (1984). Es una novela hábil e intuitiva, escrita como un homenaje al acontecer humano, a su contradicción, su maravillosa contradicción de actuares y pensamientos. Es ágil, lúcida, escrita en tercera persona, pero muy lejos de tener un narrador omnipresente y estático, es una voz inquisitiva y delatora que te susurra al oído cosas que quizá no quieras escuchar. Siempre he tenido la entusiasta y esperanzadora idea de que los libros llegan a los lectores en el preciso momento que deben ser leídos, como un juego macabro que se esconde detrás del tiempo. Éste llegó a mí, por azar, desconociendo por completo el oscuro y  ambiguo universo que había por dentro. Así que espero que algún día, por error o causalidad, amigo o amiga lectora, caiga este libro en tus manos, listo para ser abierto y desollado.

La novela consta de dos partes. Un primer bloque que se concentra en la vida de unos personajes sumergidos en sus propios dilemas, estimulando la imaginación del lector, la aprobación y reprobación de acontecimientos, incitando a juicios morales y éticos. Luego esta primera parte se universaliza. Viene un segundo bloque de interpretación de lo fundamentalmente humano, de una hiriente y aguda reflexión. Nuestra cultura es una construcción de símbolos (Bourdieu) y sobre esos símbolos cada uno interpreta como debe ser su vida. Por ejemplo, yo mismo vivo en la pesadez, en la pesadez física, emocional, mental, y a mi manera de ver el mundo, yo vivo en lo positivo, en contravía de lo que pensó Parménides, quien afirmó que la levedad es el polo positivo en esa dualidad. Pero quizá es demasiado estricto categorizar los extremos de una polaridad, no todo es negativo o positivo.  El ser humano es una hermosa contradicción que vive sumergida en símbolos que apenas logra entender. Que apenas vislumbra desde su cotidiana lucha de significación.

Somos luz u oscuridad?
Somos amor u odio?
Somos traición o lealtad?
Somos peso o levedad?
Somos miedo o esperanza?

Esas simples preguntas nos da para mucho.

“ Si Karenin hubiera sido un hombre y no un perro, seguro que hace mucho ya le hubiera dicho a Teresa: <Haz el favor, estoy aburrido de llevar todos los días el panecillo en la boca. ¿No puedes inventar algo nuevo?> En esta frase está encerrada toda la condena que pesa sobre el hombre. El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir” (Kundera, 1984)

jueves, 6 de septiembre de 2012

El fin del mundo


Indiferencia


El mundo se acabó en septiembre. En tres horas, pero en ese domingo José durmió toda el día. El lunes se despertó con mal aliento. Desayunó de afán dos tostadas y se ajustó la corbata frente al espejo del desván.  Llegó a la puerta sin haberse peinado y en el preciso momento de tomar las llaves, recordó que no había pagado el crédito  bancario. Aun así, con una tranquilidad absoluta, casi obscena, cruzó el umbral y saltó a la calle.

Era viernes. Se puso los audífonos de neón y con cautela se fue caminando entre los destrozos de una ciudad dormida. Iba cantando. El apocalipsis había dejado un descomunal desorden de escombros y ceniza. Pero a él no le importaba. Iba pensando cuán poco dinero le quedaba hasta el fin de mes. Tomó el primer transporte. La ciudad era una grieta oscura que brotaba del subsuelo. La escuela estaba en llamas, el último árbol había sucumbido al hielo y  había unos magníficos pilares de aluminio suspendidos sobre el mar. Parecían astronaves de otro mundo.  Todo el cielo estaba iluminado por una bombilla eléctrica. José se acomodó en la silla del bus. Contó las mismas veinte calles de siempre y en catorce minutos llegó al trabajo.

No había nadie en la oficina. Todo el día estuvo solo. Logró entender los obstinados diagramas de los informes. Se tomó su tiempo para poner todo al día. Contestó sus correos. Ordenó las carpetas. La máquina de café se averió a las once y no alcanzó a deleitar son sexto tinto del día. Almorzó en el pequeño restaurante italiano. Caminó por el parque. Se distrajo en las vitrinas de elegantes automóviles y de urgentes accesorios luminosos. Regresó a la oficina e hizo quince llamadas. A las cinco y media apagó su computador y se fue directo a casa.


Desde la cama prendió las noticias de las siete. Nadia hablaba de nada; no había de que hablar. Pasó por treinta canales y se rindió ante el hastío. Apagó la luz. Desconectó su sombra. Esa noche soñó que estaba solo en el mundo. Que la tierra era una enorme bola de silencio. Se despertó a media noche. No pudo volver a dormir. 

lunes, 16 de julio de 2012

! Un recuerdo por las 1280 almas !


Dame un beso, María

De seguro era sábado. Si no me falla la memoria, también era octubre. Desde el camino que me llevaba a la rotonda se escuchaba un formidable contrabajo infatigable que entraba en resonancia con mi sudor y mi agitación. Y recuerdo plenamente: salía gente por montones. Por cada árbol, por cada banca, por cada esquina. Gente al por mayor. Gente vestida de negro, gente de ásperos colores, gente de Marte y de Venus y de Saturno. Y ellos botaban colillas, corrían cuesta arriba por el parque,  se sumergían entre gente con remeras con capuchas con crestas luminosas con puños enlazados pidiendo a gritos una descarga de rock. Era el lanzamiento de La 22 en el parque de la independencia. Eras las dos de la tarde y yo andaba buscando entre toda la gente un único rosto cotidiano que quería ver. Que necesitaba ver. Me recosté en un árbol, alejado y de pronto todo estalló. Hubo mil chispas en el aire, la electricidad se conducía entre la gente, y un magnetismo como la gravedad me atrajo a la tribuna. Fernando del Castillo saltaba de amarillo con una bufanda roja. Su música era un himno, su música era la necesidad de desahogo y de júbilo, llevaba en su sangre esa extravagancia de abruptos compases que se llama rock: Una ruta de salida, una puerta de emergencia de toda una generación que no pudo encontrar respuestas en las corporaciones, en las mesas de votación, en las constituciones. Esa tarde el rock fue un significado universal. Una agitación en la historia. Y mientras escuchaba a las almas y veía a toda la gente saltar y brincar, supe que esa música me ayudaría a resistir, a quedarme en pie, a lanzar una piedra en el pasmado lago de lo cotidiano, a mostrarle los dientes a lo absurdo de la rutina. Y las almas tocaron como mil horas. Canción por canción la gocé. A partir de ese momento seguí mi camino. Vinieron los acontecimientos de mi vida que en este relato poco importan, pero la energía de esa descarga quedó muy profunda en mí. Pasaron años y años, conciertos, tiquetes, compactos, rock al parques, toques en la 127 con 19, toques en la castellana, toques por doquier, y el pasado 2 de Julio en el Simón Bolivar gocé cada tema. Supe que no era una despedida, pero si un buen recuerdo que aquí quiero compartir. Agradezco a las almas por esa necesaria y vital tentativa musical. Adelante con el ritmo, adelante con la música envolvente, y adelante con la ALEGRIIIAAAAA!!!!!!

http://www.youtube.com/watch?v=vF50e6DqwJ0

domingo, 3 de junio de 2012

El mundo es perecedero


El mundo es perecedero. Perecederas son las manos, los ojos, la infatigable oquedad del mundo, del cosmos infatigable.
Y juntos olvidamos al tiempo, los días, la percepción de las cosas,
La g
      r
       a
        v
         i
          t
           a
            c
             i
              ó
               n,
el pensamiento, la levedad ….
El mundo se construye con infatigables y certeras ensoñaciones, con tus ojos, tus manos,
Tu transparencia inacabable…….. Y me sumerjo……..Y te desarmo.
La soledad del mundo se extiende sobre los rostros y el tuyo tan cerca a mi boca.
Tan justo a mi hambre.
Las luces de la tarde tan calladas sobre mis ojos
Los secretos del tiempo tan pasmados bajo tus manos
Despojados
Anhelantes
Tú y yo en la estrecha ensoñación de lo inagotable
El beso eterno
La luna eterna
Tus manos y mis manos
Acabándose



Felipe Donoso
Junio 3 2012
2600 mts más cerca de las estrellas

sábado, 26 de mayo de 2012

Amanecer


El amanecer. Infamante. Estéril. Como una mancha. Lleno de fuego y de solsticios. Como una señal que viaja por la sombra. Traslúcida. Como un relámpago que duerme sobre el rio. Emergente. Implacable. El amanecer de mi mano sobre tu pecho. Inocente. Cristalino.

jueves, 3 de mayo de 2012

Comunidad




Las experiencias con el megáfono son perdurables, emotivas y sinceras. Desde agosto de 2010, y gracias a la invitación de Gabriela Santa y María Tabares, conocí a la comunidad en una lectura en Luvina, un viernes donde escuché a mucha gente y mucha poesía. Pese a los nervios de recitar en público me sentí cómodo, tranquilo y jovial. Y a partir de ese momento vinieron recitales por montones, uno tras otro, y cada viernes era una agradable expectativa de encuentro y literatura. Llegaron lecturas en universidad de la Salle, en la zona rosa, en el museo nacional, en magisterio, en el parque de Usaquén, en el jardín botánico, en la universidad del bosque, en la academia de ballet, en una plazoleta del parque nacional, desamparados bajo la lluvia. Y cada uno de ellos se ha destacado por un profundo respeto por el arte, por aprender a escuchar, a deleitar la honestidad de las palabras, a saber respirar y recitar un poema, a compartir como solo se comparten los buenos momentos con los amigos. El recital del domingo pasado me recordó la importancia del espacio que ha tomado la comunidad del megáfono en la ciudad. Lo vital es rescatar  la sencillez en la poesía, la diversidad de matices que existen, la cantidad de voces que llegan y comparten. Menos mal que el camino sigue....


martes, 24 de abril de 2012

Junto al hospital de suba


Vivo junto al hospital de suba. Y a veces me inquieto por la pasmada gente que espera sobre la calle. Siempre absortos, sumergidos en un tiempo distante y oculto. En la noche muchas luces se apagan, pero desde mi balcón siempre distingo una tenue luz que proyecta un cálido trazo sobre las casas. Pero ellos no la aprecian. Casi nadie advierte esa profunda vibración del sueño. Y llegan ambulancias, sirenas que en su afonía desarman el silencio y largos médicos que fuman en la acera y a veces sonríen y a veces son postes eléctricos que contemplan los segundos. Yo camino por la noche. Me asomo a las ventanas y veo luminosos corredores de gris otoño. Pero mi corazón está perdido en la esperanza. Y me alejo. Voy pensando en las incontables hazañas de mis ojos y mis manos. En la última caricia de las flores. Pero el hospital y mi balcón siempre están juntos. Siempre la misma noche sobre la misma luz. En algún momento también me perderé en los pasillos. Aguardarán sobre la acera. Si quieres liberarme hazlo ahora que el mundo está despierto. Ahora que respiro. 

domingo, 22 de abril de 2012

Utopía para todos


Hace algunos días que una pregunta formulada por Diana Uribe ha dado vueltas y vueltas en mi cabeza. ¿Acaso los patrones del miedo nos han hecho olvidar los patrones de las utopías? En la actualidad pareciese que algunas veces hemos tomado un rumbo alejado de los ideales y nos sumergimos en un mundo combustible que va degradando los pilares sobre los cuales se han asentado nuestros principios como sociedad. Pareciese que la supervivencia es el único eslabón que nos une como hermandad. Y quizá es allí donde la necesidad de un cambio nos impulse a reinventarnos como humanidad. Sobre este supuesto son completamente válidas las palabras del filósofo Slavoj Zizek quien nos dice que “las utopías deben nacer en un momento en que la situación es insostenible, cuando no haya un camino que nos guíe a posibles soluciones, cuando no haya coordenadas que nos saquen de esta infatigable urgencia de sobrevivir y es por esta razón que tenemos que inventar un nuevo espacio. Las utopías deben ser el resultado de una terrible urgencia 1”. Cierto en su totalidad. ¿Y acaso no es ahora un momento en que debemos encontrar un sentido con el cual resolvamos y encontremos las salidas a las catástrofes humanas con que nos enfrentamos? Nuestro mundo agoniza. Nuestra raza se destroza. Y para cada guerra y cada tragedia encontramos razones que cínicamente fundamentamos en nuestra apatía y conducta. Siempre hay causas para el hambre y la pobreza. Siempre habrá raíces para una guerra fundamentalista o racial, y tercamente nos repetimos como sociedad que es por nuestra ignorancia que estamos obligados a repetir la brutal historia de las sombras. ¿Hasta cuándo? Valiosos son los testimonios de vida que nos han dejado grandes personas en lo historia. Son tantos que no hay tiempo para citarlos, pero qué tanto están arraigados en nosotros sus enseñanzas,  ¿a qué nivel de compromiso hemos llegado con los legados del pacifismo y respeto por la vida? Esto se debe a que nuestros fundamentos se diluyen cuando debemos luchar cada uno por su cuenta.  ¿Acaso necesitamos de la desobediencia civil para combatir nuestra estupidez? Creería que nuestra apatía e indiferencia no son patológicas. Son hábitos arraigados por una cultura que rinde culto a lo perecedero y material. Hace tiempo que hemos lanzado las alarmas de la combustión del planeta, pero somos tan visionarios que trasladamos las soluciones a la generación que sigue, pensando que siempre hay tiempo para que un tercero nos libere de los malestares que nos agobian. No quisiera caer en la enumeración caótica de los problemas y conflagraciones, todos las sabemos,  más bien invito a la reflexión de nuestras acciones sociales e individuales. Yo podré ser un libre soñador y tener mis propias ideas y respuestas http://www.felipe-donoso.blogspot.com/2012/01/sin-lugar-para-esconderse.html, pero poco importan las ideas de un hombre cuando lo que debemos lograr es una utopía común, un principio de humanidad. Libres somos al pensar. Libres somos al soñar. Pero no seremos libres hasta encontrar un mundo en que  gobierne el bienestar común.

Felipe Donoso. Abril 22. Bogotá. 03.04 a.m.


viernes, 6 de abril de 2012

Don´t fade away - Dead Can Dance

Otra humilde traducción, no tan literal como yo quisiera. Pero cuidado, esta letra no es para leer, es para sentirla escuchando la canción, allí radica la belleza de su música. 





No te desvanezcas 
Mi niña de ojos marrones.


Ven y camina conmigo.
Llenaré  tu corazón de alegría 
Y bailaremos a través de nuestra soledad,
Buscando consuelo en la sabiduría que otorgamos,
Convirtiendo los pensamientos en el aquí y y en el ahora
Consumiendo los temores en nuestros halos de fuego 

Di lo que piensas 
Haz lo que dices 
He escuchado que la inocencia 
Nos ha llevado a todos por mal camino.
Pero no los dejes que te definan y  te rompan
El mundo está lleno de sus sueños vacios y rotos

El silencio es su única virtud,
Encerrados dentro de sus gritos silenciosos 

Pero por ahora 
Vamos a danzar lejos,
En esta noche estrellada, 
Llena del resplandor de las estrellas de fuego. 
Y con el amanecer,
Nuestro sol se levantará, 
Trayendo una sinfonía del canto de los pájaros.
No me bajes ahora.
Deja que me quede aquí por un tiempo. 
Sabes que la vida es demasiado corta.
Déjame bañarme en tu sonrisa 
Estoy trascendiendo
El otoño desde el jardín

Buenas noches

Don't fade away
My brown-eyed girl

Come walk with me
I'll fill your heart with joy
And we'll dance through our isolation
Seeking solace in the wisdom we bestow
Turning thoughts to the here and everafter

Consuming fears in our fiery halos


Say what you mean
Mean what you say
I've heard that innocence
Has led us all astray
But don't let them make you and break you
The world is filled with their broken empty
Dreams
Silence is their only virtue
Locked away inside their silent screams

But for now
Let us dance away
This starry night
Filled with the glow of fiery stars
And with the dawn
Our sun will rise
Bringing a symphony of bird cries
Don't bring me down now
Let me stay here for awhile
You know life's too short
Let me bathe here in your smile
I'm transcending
The fall from the garden

Goodnight

domingo, 4 de marzo de 2012

Cuento

La banda del giro


Silencio…. El silencio en la habitación era insoportable. El reloj digital marcaba las doce menos quince y una cálida sombra se agitaba en la calle, insinuando una misteriosa forma. Los ojos de Carmen se posaban sobre la vieja luna incierta y un universo de cosas regadas y ropa aún tibia permanecía inmóvil junto a su cama. Era la noche en su quietud, la absurda torpeza del insomnio. Carmen giró su cuerpo hacia la tenue luz y sintió su tímida mirada al descubierto, como si las estrellas con ojos enormes se posaran sobre ella. La melodía volvía una y otra vez. El sueño llegaba pero el fantasma de la vigilia lo devoraba. Ya casi era martes. En unas horas la terrible ciudad sería de nuevo la terrible ciudad despierta y ella cruzaría el zaguán de viejos robles de la séptima avenida. El azar vendría con ella. El viejo edificio de la academia se llenaría de pequeñas urgencias, de acordes infalibles, de acomodados jurados, de zapatos, de tacones, de guitarras, cuerdas rotas, de sombras que se mueven y cuerpos que se buscan uno al otro. La melodía volvía una y otra vez. El tiempo de la noche estaba detenido y todo parecía absurdo y apagado. Esta noche había sido particularmente larga. Indefinida. Luego de cenar algo con su madre, despachar tres líneas de la vieja novela inglesa que leía por inercia, de verse desnuda frente a al espejo sanguinario que nada sabía de pasiones, Carmen abrazó su clarinete y practicó por tres horas su trillada obra de jazz.  Los acordes se fugaban por el quicio de la puerta. Eran pequeñas vibraciones que inundaban todo a su paso, eran vapor de agua, esfinges con grandes ojos amarillos, acordes que teñían de violeta las horas nocturnas, las despensas, el desprendimiento de los libros en el desván de madera, el silencio atrapado en la bóveda de lámparas. El jazz era todo. Los minutos desfilaron frente a ella como oscuros símbolos. No hubo noción de tiempo, no hubo reparo en las cosas del mundo que aun funcionaban, en las bondades mecánicas, en las tristes verdades. Todo era música. Y también silencio. Inquebrantable. Casi sólido.  Carmen cerraba los ojos sin descanso, esperaba que el tiempo hiciera su trabajo, que trajera la mañana y con ella los terribles jurados que aprobarían su estructura, su clarividencia de los ritmos, su antelación de cadencias. Ocho años de academia y una larga noche de vigilia. Era la culminación, su recital de mármol. Su madre roncaba abiertamente. Carmen sentía su pecho abrirse, colmarse de sudores, de espasmos. En la ventana sólo estaba la ciudad dormida. Una solitaria señal de tránsito se batía con el viento junto al cruce amarillo intermitente. Las señales de tránsito son palomas muertas en la noche. Todos las ignoran.  A esa hora incierta no había trenes, ni vehículos que se lanzaran a la calle, ni pasmados peatones, pero el ojo amarillo del semáforo no descansa. Es un nido de sueños rotos, una palabra de baches y piedras, una luz sin párpados.

Entonces como con un resorte que llevara por dentro saltó de la cama, y el mundo fue una inquebrantable fuga de sonidos. Se vistió nuevamente. A toda velocidad. Ocultó con el pie el terrible desorden de medias y corpiños que ocultó bajó la cama. Tomó su abrigo y en una acción mecánica, ocultando el menor ruido, decidió salir de su cuarto. Su corazón daba tumbos. Las porcelanas sobre el piano vibraban en una armonía que solo la noche podía entender. Con una mirada midió distancias y tiempos, adivinó en la oscuridad las mesas y las sillas y como lanzándose al vacío en un vórtice de aire,  salió a la calle mientras seguía buscaba dentro suyo el ritmo del insomnio.

En tres minutos estaba frente al cruce férreo. Allí la noche parecía otra providencia. La respiración del universo latía y vibraba con la niebla, con los sardineles que dormitaban sobre el frio pavimento de gravas y asfalto. Y de pronto, como saliendo de un túnel, lo escuchó por primera vez……

Un compás. El eléctrico y finísimo sonar de un acero frío. Una cadencia mesurada que apenas brillaba en la quietud. Beat. Beat. Un chasquido, una y otra vez. La soledad absoluta y en el aire una vibración de tambores delgados. Beat. Beat. Beat. Beat. Carmen espantada buscaba entre las desmesuradas alturas de los postes eléctricos, en los pliegues del asfalto, ¿De dónde proviene este sueño? ¿De dónde ésta simetría?  Ahora un banjo. Batido. Ondulante. Es indudable que hay música en el aire, como esporas, como recuerdos. La percusión y una luna creciente explican la piel de gallina, pero nada explica el corazón desbocado. Solo quizá las cuerdas del contrabajo: una madera diluida en el viento que aparece frente a sus ojos, danzante, grave, casi afónica. Esto no es un sueño. En los sueños no hay música, no hay brisa sobre la piel, no hay aromas como este perfume a madrugada, este olor a carbón y a salmuera. El volumen va en aumento. Una melodía se forma en la noche. Se arremolina junto a la señal fatigada de amarillo, junto a los toneles de basura, al césped marchito. Un-dos, un-dos, un-dos. La marcha del jazz daba inicio. Carmen contraía su cuerpo. No creía en nada. Todo era mentira. Todo era un sueño.  Sus labios lo repetían, indefensos, húmedos, pero una chispa violeta rompió el letargo de la duda. Frente a sus pasmados ojos unas figuras humanas aparecieron de la nada. Como un resorte el obeso trompetista saltaba sobre la acera. Junto a él dos hombres enjutos magullaban la batería, los bulliciosos tambores, la guitarra negra. Y allí viene ella, danzando en tacones y muselina y con aromas. It don´t mean a thing, if you ain´t got that swing. La banda desbordaba alegría, derroche. Karen O bailando sobre los tejados. Todas las sinfonías y todos los matices aterrizaban sobre la calle. En segundos catorce músicos tocaban jazz y la ciudad parecía no darse por enterada. Carmen sudaba. Una sensación como la mañana crecía por dentro. Trompetas. Banjos. Cadencias de coristas que brincaban sobre el piano. Los sonidos eran pájaros eléctricos que traían destellos y melodías. Una canción y parecía que el universo entero estuviera dentro de ella. Todo era música nuevamente. Era como el primer beso, como la verdad que surge de la duda, como un big-bang entre su piel. Música. Jazz. Una banda en el giro como salida de un sueño y las estrellas cómplices de la locura.


En tres minutos toco quedó en silencio. La solitaria señal de tránsito se batía con el viento. El viento era nuevamente el viento que dormía. La ciudad entera descansaba. Carmen guardó todo su cuerpo en el cálido abrigo. Cruzó el giro entre la niebla que parecía derretirse y se alejó de la noche ente un tímida lluvia que nada sabía del corazón.

domingo, 19 de febrero de 2012

¿Cómo se construyó el C.C. Calima?


Señores y señoras, los centros comerciales se construyen con gastritis, se construyen con neurosis y apretando nalga. Que nadie diga lo contrario. Hace una semana estuve divagando por el centro comercial Calima y pese a caminar sobre lujosos pisos, pese a ver modernas vitrinas incitándome a comprar cuanta cosa hay, yo no paraba de ver tras de toda novedad, la armazón metálica y frenética de 18 mil toneladas que tantas canas nos hicieron sacar. Todo el lego aun permanece allí. Escondido. Como espiándome sigilosamente mientras devoraba mi cono de $2.000. Parecen ahora muy lejanos esos días en que a partir de las 6:00 de la mañana el jefe de patios recibía cinco mulas  cargadas de acero que enviaba Dennis desde Yumbo. Un lego, sin duda alguna, como un enorme rompecabezas para armarse con sudor y lágrimas. Y llegaban vigas, columnas, riostras, platabandas, atiezadores, repuestos del equipo de stud que Capacho se tiraba cada rato y para colmo de males los muy abyectos no se fabricaban en Colombia. (Se tiró como cinco, le pongo el link para que Capacho se compre tres y se los tire en su casa http://www.alibaba.com/product-gs/448954012/stud_welding_machine.html?s=p ). En fin, desde muy temprano se iniciaban las labores. A decir verdad casi nunca lo pude ver con mis propios ojos porque casi siempre llegué tarde. Lo reconozco ¡Que desfachatez! No hay excusa. Y empezaba todo como una orquesta. Como un gigante sin control. Las grúas telescópicas, las charlas de SISOMA, los cambiaderos, las incapacidades,  los conectores regados por el piso, Jiménez echando madres por el radio, un desorden de la madona en los almacenes, los almacenes de la madona sin pulidoras, las ordenes de servicio vencidas para Carguemos (Viviana Arenas, Cordial Saludo), como cincuenta supervisores de Furec cuadrando nómina, Andrea, Iván, Dairo Moreno y todos los demás revisando nómina, Jiménez echando más madres por el radio, Capacho segundándolo, Esteban $%/&%$ con el jefe, Germán Ocampo $%/&%$ con el jefe, Alejo Sierra $%/&%$ con el jefe, Edgar Reina $%/&%$ con el jefe, Nazly $%/&%$ con todo el mundo, y Fidel acomedido me traía tinto y buñuelo con setenta libras de grasa. Delicioso.

Ahora recuerdo a tanta gente que conocí, tantas peleas y discusiones que nos pudimos ahorrar. Algunas eras justas, otras necesarias, pero la mayoría no, cómo cuando casi me suben a la torre grúa y me tiran de la guaya porque nos quedamos sin soldadura en semana santa (Ingeniera le recomiendo un taller de yoga para control de ira). Ojalá hayamos aprendido todas las lecciones de vida que flotaban por el aire y casi nunca revelamos. Desde la barrera todo se ve más claro. Afortunadamente nunca faltó la risa. Que me dicen de todas las noches tomando cerveza tibia en Chaplin, sobre las escalinatas  de adoquín en el Samper Mendoza, o la comida china y la pizza en la 45, ah! tiempos mozos, cuantas veces disfrutamos de la vida burlándonos de nosotros mismos, como aquella inconsciencia en que Santiago y yo acompáñanos a Urueña a las diez de la noche a recoger a su chica en el campamento,  cruzando entre dos grupos de expendedores de Crack, en la carrilera,  con caneca encendida y todo, cada uno a treinta metros de distancia. Si señores !Menos mal estamos vivos¡ Que falta de todo, y aun así nos divertimos. Pero desafortunadamente no todo fue alegría. Una de las imágenes más perdurables en mi memoria es quizá la desastrosa imagen que nunca llegaré a olvidar. Aquel lluvioso sábado de diciembre, subiendo por las endebles escaleras de andamio hasta el piso nueve, con el estomago en la boca, con tres agentes de la fiscalía acompañándonos. Arriba mi jefe me ofreció un cigarrillo, y en una simple mirada aun la sangre se deslizaba bajo la sábana blanca. Es una tristeza que en esta profesión haya accidentes que tengan que cobrar vidas. Es una realidad simple y escueta. Una verdad desnuda y sin palabras.

Ahora que recorro todos los pasillos pienso que nunca será lo mismo. De una u otra forma todos los que pasamos por allí cambiamos en algo. Dejamos lo mejor de nosotros por construir un sueño de otros, entregamos canas, fuerza, intelecto, sudor, tiempo, pulmones, enseñanzas, aprendizajes. Esta es sin duda alguna mi manera de ver las cosas. Es mi visión del gigante de acero que construimos. Tantos a los que agradecer. Tantos otros a los que ignorar. En fin, doy media vuelta, me alejo por la 30. En mi retrovisor aun veo el centro comercial. Por última vez lo miro antes de dejarlo para siempre.

A la memoria de Adolfo Rubio, quienes sus compañeros recordarán por siempre

Felipe Donoso
Febrero 19 de 2012.