jueves, 6 de septiembre de 2012

El fin del mundo


Indiferencia


El mundo se acabó en septiembre. En tres horas, pero en ese domingo José durmió toda el día. El lunes se despertó con mal aliento. Desayunó de afán dos tostadas y se ajustó la corbata frente al espejo del desván.  Llegó a la puerta sin haberse peinado y en el preciso momento de tomar las llaves, recordó que no había pagado el crédito  bancario. Aun así, con una tranquilidad absoluta, casi obscena, cruzó el umbral y saltó a la calle.

Era viernes. Se puso los audífonos de neón y con cautela se fue caminando entre los destrozos de una ciudad dormida. Iba cantando. El apocalipsis había dejado un descomunal desorden de escombros y ceniza. Pero a él no le importaba. Iba pensando cuán poco dinero le quedaba hasta el fin de mes. Tomó el primer transporte. La ciudad era una grieta oscura que brotaba del subsuelo. La escuela estaba en llamas, el último árbol había sucumbido al hielo y  había unos magníficos pilares de aluminio suspendidos sobre el mar. Parecían astronaves de otro mundo.  Todo el cielo estaba iluminado por una bombilla eléctrica. José se acomodó en la silla del bus. Contó las mismas veinte calles de siempre y en catorce minutos llegó al trabajo.

No había nadie en la oficina. Todo el día estuvo solo. Logró entender los obstinados diagramas de los informes. Se tomó su tiempo para poner todo al día. Contestó sus correos. Ordenó las carpetas. La máquina de café se averió a las once y no alcanzó a deleitar son sexto tinto del día. Almorzó en el pequeño restaurante italiano. Caminó por el parque. Se distrajo en las vitrinas de elegantes automóviles y de urgentes accesorios luminosos. Regresó a la oficina e hizo quince llamadas. A las cinco y media apagó su computador y se fue directo a casa.


Desde la cama prendió las noticias de las siete. Nadia hablaba de nada; no había de que hablar. Pasó por treinta canales y se rindió ante el hastío. Apagó la luz. Desconectó su sombra. Esa noche soñó que estaba solo en el mundo. Que la tierra era una enorme bola de silencio. Se despertó a media noche. No pudo volver a dormir. 

lunes, 16 de julio de 2012

! Un recuerdo por las 1280 almas !


Dame un beso, María

De seguro era sábado. Si no me falla la memoria, también era octubre. Desde el camino que me llevaba a la rotonda se escuchaba un formidable contrabajo infatigable que entraba en resonancia con mi sudor y mi agitación. Y recuerdo plenamente: salía gente por montones. Por cada árbol, por cada banca, por cada esquina. Gente al por mayor. Gente vestida de negro, gente de ásperos colores, gente de Marte y de Venus y de Saturno. Y ellos botaban colillas, corrían cuesta arriba por el parque,  se sumergían entre gente con remeras con capuchas con crestas luminosas con puños enlazados pidiendo a gritos una descarga de rock. Era el lanzamiento de La 22 en el parque de la independencia. Eras las dos de la tarde y yo andaba buscando entre toda la gente un único rosto cotidiano que quería ver. Que necesitaba ver. Me recosté en un árbol, alejado y de pronto todo estalló. Hubo mil chispas en el aire, la electricidad se conducía entre la gente, y un magnetismo como la gravedad me atrajo a la tribuna. Fernando del Castillo saltaba de amarillo con una bufanda roja. Su música era un himno, su música era la necesidad de desahogo y de júbilo, llevaba en su sangre esa extravagancia de abruptos compases que se llama rock: Una ruta de salida, una puerta de emergencia de toda una generación que no pudo encontrar respuestas en las corporaciones, en las mesas de votación, en las constituciones. Esa tarde el rock fue un significado universal. Una agitación en la historia. Y mientras escuchaba a las almas y veía a toda la gente saltar y brincar, supe que esa música me ayudaría a resistir, a quedarme en pie, a lanzar una piedra en el pasmado lago de lo cotidiano, a mostrarle los dientes a lo absurdo de la rutina. Y las almas tocaron como mil horas. Canción por canción la gocé. A partir de ese momento seguí mi camino. Vinieron los acontecimientos de mi vida que en este relato poco importan, pero la energía de esa descarga quedó muy profunda en mí. Pasaron años y años, conciertos, tiquetes, compactos, rock al parques, toques en la 127 con 19, toques en la castellana, toques por doquier, y el pasado 2 de Julio en el Simón Bolivar gocé cada tema. Supe que no era una despedida, pero si un buen recuerdo que aquí quiero compartir. Agradezco a las almas por esa necesaria y vital tentativa musical. Adelante con el ritmo, adelante con la música envolvente, y adelante con la ALEGRIIIAAAAA!!!!!!

http://www.youtube.com/watch?v=vF50e6DqwJ0

domingo, 3 de junio de 2012

El mundo es perecedero


El mundo es perecedero. Perecederas son las manos, los ojos, la infatigable oquedad del mundo, del cosmos infatigable.
Y juntos olvidamos al tiempo, los días, la percepción de las cosas,
La g
      r
       a
        v
         i
          t
           a
            c
             i
              ó
               n,
el pensamiento, la levedad ….
El mundo se construye con infatigables y certeras ensoñaciones, con tus ojos, tus manos,
Tu transparencia inacabable…….. Y me sumerjo……..Y te desarmo.
La soledad del mundo se extiende sobre los rostros y el tuyo tan cerca a mi boca.
Tan justo a mi hambre.
Las luces de la tarde tan calladas sobre mis ojos
Los secretos del tiempo tan pasmados bajo tus manos
Despojados
Anhelantes
Tú y yo en la estrecha ensoñación de lo inagotable
El beso eterno
La luna eterna
Tus manos y mis manos
Acabándose



Felipe Donoso
Junio 3 2012
2600 mts más cerca de las estrellas

sábado, 26 de mayo de 2012

Amanecer


El amanecer. Infamante. Estéril. Como una mancha. Lleno de fuego y de solsticios. Como una señal que viaja por la sombra. Traslúcida. Como un relámpago que duerme sobre el rio. Emergente. Implacable. El amanecer de mi mano sobre tu pecho. Inocente. Cristalino.

jueves, 3 de mayo de 2012

Comunidad




Las experiencias con el megáfono son perdurables, emotivas y sinceras. Desde agosto de 2010, y gracias a la invitación de Gabriela Santa y María Tabares, conocí a la comunidad en una lectura en Luvina, un viernes donde escuché a mucha gente y mucha poesía. Pese a los nervios de recitar en público me sentí cómodo, tranquilo y jovial. Y a partir de ese momento vinieron recitales por montones, uno tras otro, y cada viernes era una agradable expectativa de encuentro y literatura. Llegaron lecturas en universidad de la Salle, en la zona rosa, en el museo nacional, en magisterio, en el parque de Usaquén, en el jardín botánico, en la universidad del bosque, en la academia de ballet, en una plazoleta del parque nacional, desamparados bajo la lluvia. Y cada uno de ellos se ha destacado por un profundo respeto por el arte, por aprender a escuchar, a deleitar la honestidad de las palabras, a saber respirar y recitar un poema, a compartir como solo se comparten los buenos momentos con los amigos. El recital del domingo pasado me recordó la importancia del espacio que ha tomado la comunidad del megáfono en la ciudad. Lo vital es rescatar  la sencillez en la poesía, la diversidad de matices que existen, la cantidad de voces que llegan y comparten. Menos mal que el camino sigue....


martes, 24 de abril de 2012

Junto al hospital de suba


Vivo junto al hospital de suba. Y a veces me inquieto por la pasmada gente que espera sobre la calle. Siempre absortos, sumergidos en un tiempo distante y oculto. En la noche muchas luces se apagan, pero desde mi balcón siempre distingo una tenue luz que proyecta un cálido trazo sobre las casas. Pero ellos no la aprecian. Casi nadie advierte esa profunda vibración del sueño. Y llegan ambulancias, sirenas que en su afonía desarman el silencio y largos médicos que fuman en la acera y a veces sonríen y a veces son postes eléctricos que contemplan los segundos. Yo camino por la noche. Me asomo a las ventanas y veo luminosos corredores de gris otoño. Pero mi corazón está perdido en la esperanza. Y me alejo. Voy pensando en las incontables hazañas de mis ojos y mis manos. En la última caricia de las flores. Pero el hospital y mi balcón siempre están juntos. Siempre la misma noche sobre la misma luz. En algún momento también me perderé en los pasillos. Aguardarán sobre la acera. Si quieres liberarme hazlo ahora que el mundo está despierto. Ahora que respiro. 

domingo, 22 de abril de 2012

Utopía para todos


Hace algunos días que una pregunta formulada por Diana Uribe ha dado vueltas y vueltas en mi cabeza. ¿Acaso los patrones del miedo nos han hecho olvidar los patrones de las utopías? En la actualidad pareciese que algunas veces hemos tomado un rumbo alejado de los ideales y nos sumergimos en un mundo combustible que va degradando los pilares sobre los cuales se han asentado nuestros principios como sociedad. Pareciese que la supervivencia es el único eslabón que nos une como hermandad. Y quizá es allí donde la necesidad de un cambio nos impulse a reinventarnos como humanidad. Sobre este supuesto son completamente válidas las palabras del filósofo Slavoj Zizek quien nos dice que “las utopías deben nacer en un momento en que la situación es insostenible, cuando no haya un camino que nos guíe a posibles soluciones, cuando no haya coordenadas que nos saquen de esta infatigable urgencia de sobrevivir y es por esta razón que tenemos que inventar un nuevo espacio. Las utopías deben ser el resultado de una terrible urgencia 1”. Cierto en su totalidad. ¿Y acaso no es ahora un momento en que debemos encontrar un sentido con el cual resolvamos y encontremos las salidas a las catástrofes humanas con que nos enfrentamos? Nuestro mundo agoniza. Nuestra raza se destroza. Y para cada guerra y cada tragedia encontramos razones que cínicamente fundamentamos en nuestra apatía y conducta. Siempre hay causas para el hambre y la pobreza. Siempre habrá raíces para una guerra fundamentalista o racial, y tercamente nos repetimos como sociedad que es por nuestra ignorancia que estamos obligados a repetir la brutal historia de las sombras. ¿Hasta cuándo? Valiosos son los testimonios de vida que nos han dejado grandes personas en lo historia. Son tantos que no hay tiempo para citarlos, pero qué tanto están arraigados en nosotros sus enseñanzas,  ¿a qué nivel de compromiso hemos llegado con los legados del pacifismo y respeto por la vida? Esto se debe a que nuestros fundamentos se diluyen cuando debemos luchar cada uno por su cuenta.  ¿Acaso necesitamos de la desobediencia civil para combatir nuestra estupidez? Creería que nuestra apatía e indiferencia no son patológicas. Son hábitos arraigados por una cultura que rinde culto a lo perecedero y material. Hace tiempo que hemos lanzado las alarmas de la combustión del planeta, pero somos tan visionarios que trasladamos las soluciones a la generación que sigue, pensando que siempre hay tiempo para que un tercero nos libere de los malestares que nos agobian. No quisiera caer en la enumeración caótica de los problemas y conflagraciones, todos las sabemos,  más bien invito a la reflexión de nuestras acciones sociales e individuales. Yo podré ser un libre soñador y tener mis propias ideas y respuestas http://www.felipe-donoso.blogspot.com/2012/01/sin-lugar-para-esconderse.html, pero poco importan las ideas de un hombre cuando lo que debemos lograr es una utopía común, un principio de humanidad. Libres somos al pensar. Libres somos al soñar. Pero no seremos libres hasta encontrar un mundo en que  gobierne el bienestar común.

Felipe Donoso. Abril 22. Bogotá. 03.04 a.m.


viernes, 6 de abril de 2012

Don´t fade away - Dead Can Dance

Otra humilde traducción, no tan literal como yo quisiera. Pero cuidado, esta letra no es para leer, es para sentirla escuchando la canción, allí radica la belleza de su música. 





No te desvanezcas 
Mi niña de ojos marrones.


Ven y camina conmigo.
Llenaré  tu corazón de alegría 
Y bailaremos a través de nuestra soledad,
Buscando consuelo en la sabiduría que otorgamos,
Convirtiendo los pensamientos en el aquí y y en el ahora
Consumiendo los temores en nuestros halos de fuego 

Di lo que piensas 
Haz lo que dices 
He escuchado que la inocencia 
Nos ha llevado a todos por mal camino.
Pero no los dejes que te definan y  te rompan
El mundo está lleno de sus sueños vacios y rotos

El silencio es su única virtud,
Encerrados dentro de sus gritos silenciosos 

Pero por ahora 
Vamos a danzar lejos,
En esta noche estrellada, 
Llena del resplandor de las estrellas de fuego. 
Y con el amanecer,
Nuestro sol se levantará, 
Trayendo una sinfonía del canto de los pájaros.
No me bajes ahora.
Deja que me quede aquí por un tiempo. 
Sabes que la vida es demasiado corta.
Déjame bañarme en tu sonrisa 
Estoy trascendiendo
El otoño desde el jardín

Buenas noches

Don't fade away
My brown-eyed girl

Come walk with me
I'll fill your heart with joy
And we'll dance through our isolation
Seeking solace in the wisdom we bestow
Turning thoughts to the here and everafter

Consuming fears in our fiery halos


Say what you mean
Mean what you say
I've heard that innocence
Has led us all astray
But don't let them make you and break you
The world is filled with their broken empty
Dreams
Silence is their only virtue
Locked away inside their silent screams

But for now
Let us dance away
This starry night
Filled with the glow of fiery stars
And with the dawn
Our sun will rise
Bringing a symphony of bird cries
Don't bring me down now
Let me stay here for awhile
You know life's too short
Let me bathe here in your smile
I'm transcending
The fall from the garden

Goodnight

domingo, 4 de marzo de 2012

Cuento

La banda del giro


Silencio…. El silencio en la habitación era insoportable. El reloj digital marcaba las doce menos quince y una cálida sombra se agitaba en la calle, insinuando una misteriosa forma. Los ojos de Carmen se posaban sobre la vieja luna incierta y un universo de cosas regadas y ropa aún tibia permanecía inmóvil junto a su cama. Era la noche en su quietud, la absurda torpeza del insomnio. Carmen giró su cuerpo hacia la tenue luz y sintió su tímida mirada al descubierto, como si las estrellas con ojos enormes se posaran sobre ella. La melodía volvía una y otra vez. El sueño llegaba pero el fantasma de la vigilia lo devoraba. Ya casi era martes. En unas horas la terrible ciudad sería de nuevo la terrible ciudad despierta y ella cruzaría el zaguán de viejos robles de la séptima avenida. El azar vendría con ella. El viejo edificio de la academia se llenaría de pequeñas urgencias, de acordes infalibles, de acomodados jurados, de zapatos, de tacones, de guitarras, cuerdas rotas, de sombras que se mueven y cuerpos que se buscan uno al otro. La melodía volvía una y otra vez. El tiempo de la noche estaba detenido y todo parecía absurdo y apagado. Esta noche había sido particularmente larga. Indefinida. Luego de cenar algo con su madre, despachar tres líneas de la vieja novela inglesa que leía por inercia, de verse desnuda frente a al espejo sanguinario que nada sabía de pasiones, Carmen abrazó su clarinete y practicó por tres horas su trillada obra de jazz.  Los acordes se fugaban por el quicio de la puerta. Eran pequeñas vibraciones que inundaban todo a su paso, eran vapor de agua, esfinges con grandes ojos amarillos, acordes que teñían de violeta las horas nocturnas, las despensas, el desprendimiento de los libros en el desván de madera, el silencio atrapado en la bóveda de lámparas. El jazz era todo. Los minutos desfilaron frente a ella como oscuros símbolos. No hubo noción de tiempo, no hubo reparo en las cosas del mundo que aun funcionaban, en las bondades mecánicas, en las tristes verdades. Todo era música. Y también silencio. Inquebrantable. Casi sólido.  Carmen cerraba los ojos sin descanso, esperaba que el tiempo hiciera su trabajo, que trajera la mañana y con ella los terribles jurados que aprobarían su estructura, su clarividencia de los ritmos, su antelación de cadencias. Ocho años de academia y una larga noche de vigilia. Era la culminación, su recital de mármol. Su madre roncaba abiertamente. Carmen sentía su pecho abrirse, colmarse de sudores, de espasmos. En la ventana sólo estaba la ciudad dormida. Una solitaria señal de tránsito se batía con el viento junto al cruce amarillo intermitente. Las señales de tránsito son palomas muertas en la noche. Todos las ignoran.  A esa hora incierta no había trenes, ni vehículos que se lanzaran a la calle, ni pasmados peatones, pero el ojo amarillo del semáforo no descansa. Es un nido de sueños rotos, una palabra de baches y piedras, una luz sin párpados.

Entonces como con un resorte que llevara por dentro saltó de la cama, y el mundo fue una inquebrantable fuga de sonidos. Se vistió nuevamente. A toda velocidad. Ocultó con el pie el terrible desorden de medias y corpiños que ocultó bajó la cama. Tomó su abrigo y en una acción mecánica, ocultando el menor ruido, decidió salir de su cuarto. Su corazón daba tumbos. Las porcelanas sobre el piano vibraban en una armonía que solo la noche podía entender. Con una mirada midió distancias y tiempos, adivinó en la oscuridad las mesas y las sillas y como lanzándose al vacío en un vórtice de aire,  salió a la calle mientras seguía buscaba dentro suyo el ritmo del insomnio.

En tres minutos estaba frente al cruce férreo. Allí la noche parecía otra providencia. La respiración del universo latía y vibraba con la niebla, con los sardineles que dormitaban sobre el frio pavimento de gravas y asfalto. Y de pronto, como saliendo de un túnel, lo escuchó por primera vez……

Un compás. El eléctrico y finísimo sonar de un acero frío. Una cadencia mesurada que apenas brillaba en la quietud. Beat. Beat. Un chasquido, una y otra vez. La soledad absoluta y en el aire una vibración de tambores delgados. Beat. Beat. Beat. Beat. Carmen espantada buscaba entre las desmesuradas alturas de los postes eléctricos, en los pliegues del asfalto, ¿De dónde proviene este sueño? ¿De dónde ésta simetría?  Ahora un banjo. Batido. Ondulante. Es indudable que hay música en el aire, como esporas, como recuerdos. La percusión y una luna creciente explican la piel de gallina, pero nada explica el corazón desbocado. Solo quizá las cuerdas del contrabajo: una madera diluida en el viento que aparece frente a sus ojos, danzante, grave, casi afónica. Esto no es un sueño. En los sueños no hay música, no hay brisa sobre la piel, no hay aromas como este perfume a madrugada, este olor a carbón y a salmuera. El volumen va en aumento. Una melodía se forma en la noche. Se arremolina junto a la señal fatigada de amarillo, junto a los toneles de basura, al césped marchito. Un-dos, un-dos, un-dos. La marcha del jazz daba inicio. Carmen contraía su cuerpo. No creía en nada. Todo era mentira. Todo era un sueño.  Sus labios lo repetían, indefensos, húmedos, pero una chispa violeta rompió el letargo de la duda. Frente a sus pasmados ojos unas figuras humanas aparecieron de la nada. Como un resorte el obeso trompetista saltaba sobre la acera. Junto a él dos hombres enjutos magullaban la batería, los bulliciosos tambores, la guitarra negra. Y allí viene ella, danzando en tacones y muselina y con aromas. It don´t mean a thing, if you ain´t got that swing. La banda desbordaba alegría, derroche. Karen O bailando sobre los tejados. Todas las sinfonías y todos los matices aterrizaban sobre la calle. En segundos catorce músicos tocaban jazz y la ciudad parecía no darse por enterada. Carmen sudaba. Una sensación como la mañana crecía por dentro. Trompetas. Banjos. Cadencias de coristas que brincaban sobre el piano. Los sonidos eran pájaros eléctricos que traían destellos y melodías. Una canción y parecía que el universo entero estuviera dentro de ella. Todo era música nuevamente. Era como el primer beso, como la verdad que surge de la duda, como un big-bang entre su piel. Música. Jazz. Una banda en el giro como salida de un sueño y las estrellas cómplices de la locura.


En tres minutos toco quedó en silencio. La solitaria señal de tránsito se batía con el viento. El viento era nuevamente el viento que dormía. La ciudad entera descansaba. Carmen guardó todo su cuerpo en el cálido abrigo. Cruzó el giro entre la niebla que parecía derretirse y se alejó de la noche ente un tímida lluvia que nada sabía del corazón.

domingo, 19 de febrero de 2012

¿Cómo se construyó el C.C. Calima?


Señores y señoras, los centros comerciales se construyen con gastritis, se construyen con neurosis y apretando nalga. Que nadie diga lo contrario. Hace una semana estuve divagando por el centro comercial Calima y pese a caminar sobre lujosos pisos, pese a ver modernas vitrinas incitándome a comprar cuanta cosa hay, yo no paraba de ver tras de toda novedad, la armazón metálica y frenética de 18 mil toneladas que tantas canas nos hicieron sacar. Todo el lego aun permanece allí. Escondido. Como espiándome sigilosamente mientras devoraba mi cono de $2.000. Parecen ahora muy lejanos esos días en que a partir de las 6:00 de la mañana el jefe de patios recibía cinco mulas  cargadas de acero que enviaba Dennis desde Yumbo. Un lego, sin duda alguna, como un enorme rompecabezas para armarse con sudor y lágrimas. Y llegaban vigas, columnas, riostras, platabandas, atiezadores, repuestos del equipo de stud que Capacho se tiraba cada rato y para colmo de males los muy abyectos no se fabricaban en Colombia. (Se tiró como cinco, le pongo el link para que Capacho se compre tres y se los tire en su casa http://www.alibaba.com/product-gs/448954012/stud_welding_machine.html?s=p ). En fin, desde muy temprano se iniciaban las labores. A decir verdad casi nunca lo pude ver con mis propios ojos porque casi siempre llegué tarde. Lo reconozco ¡Que desfachatez! No hay excusa. Y empezaba todo como una orquesta. Como un gigante sin control. Las grúas telescópicas, las charlas de SISOMA, los cambiaderos, las incapacidades,  los conectores regados por el piso, Jiménez echando madres por el radio, un desorden de la madona en los almacenes, los almacenes de la madona sin pulidoras, las ordenes de servicio vencidas para Carguemos (Viviana Arenas, Cordial Saludo), como cincuenta supervisores de Furec cuadrando nómina, Andrea, Iván, Dairo Moreno y todos los demás revisando nómina, Jiménez echando más madres por el radio, Capacho segundándolo, Esteban $%/&%$ con el jefe, Germán Ocampo $%/&%$ con el jefe, Alejo Sierra $%/&%$ con el jefe, Edgar Reina $%/&%$ con el jefe, Nazly $%/&%$ con todo el mundo, y Fidel acomedido me traía tinto y buñuelo con setenta libras de grasa. Delicioso.

Ahora recuerdo a tanta gente que conocí, tantas peleas y discusiones que nos pudimos ahorrar. Algunas eras justas, otras necesarias, pero la mayoría no, cómo cuando casi me suben a la torre grúa y me tiran de la guaya porque nos quedamos sin soldadura en semana santa (Ingeniera le recomiendo un taller de yoga para control de ira). Ojalá hayamos aprendido todas las lecciones de vida que flotaban por el aire y casi nunca revelamos. Desde la barrera todo se ve más claro. Afortunadamente nunca faltó la risa. Que me dicen de todas las noches tomando cerveza tibia en Chaplin, sobre las escalinatas  de adoquín en el Samper Mendoza, o la comida china y la pizza en la 45, ah! tiempos mozos, cuantas veces disfrutamos de la vida burlándonos de nosotros mismos, como aquella inconsciencia en que Santiago y yo acompáñanos a Urueña a las diez de la noche a recoger a su chica en el campamento,  cruzando entre dos grupos de expendedores de Crack, en la carrilera,  con caneca encendida y todo, cada uno a treinta metros de distancia. Si señores !Menos mal estamos vivos¡ Que falta de todo, y aun así nos divertimos. Pero desafortunadamente no todo fue alegría. Una de las imágenes más perdurables en mi memoria es quizá la desastrosa imagen que nunca llegaré a olvidar. Aquel lluvioso sábado de diciembre, subiendo por las endebles escaleras de andamio hasta el piso nueve, con el estomago en la boca, con tres agentes de la fiscalía acompañándonos. Arriba mi jefe me ofreció un cigarrillo, y en una simple mirada aun la sangre se deslizaba bajo la sábana blanca. Es una tristeza que en esta profesión haya accidentes que tengan que cobrar vidas. Es una realidad simple y escueta. Una verdad desnuda y sin palabras.

Ahora que recorro todos los pasillos pienso que nunca será lo mismo. De una u otra forma todos los que pasamos por allí cambiamos en algo. Dejamos lo mejor de nosotros por construir un sueño de otros, entregamos canas, fuerza, intelecto, sudor, tiempo, pulmones, enseñanzas, aprendizajes. Esta es sin duda alguna mi manera de ver las cosas. Es mi visión del gigante de acero que construimos. Tantos a los que agradecer. Tantos otros a los que ignorar. En fin, doy media vuelta, me alejo por la 30. En mi retrovisor aun veo el centro comercial. Por última vez lo miro antes de dejarlo para siempre.

A la memoria de Adolfo Rubio, quienes sus compañeros recordarán por siempre

Felipe Donoso
Febrero 19 de 2012.

viernes, 10 de febrero de 2012

Poema




Como el oxígeno. Eres como el oxígeno. Como un perfume enterrado bajo la piel. Como la luz sobre las montañas. Como la luz sobre los párpados antes y después del sueño.

Y después del silencio
Aferrada a mí



sábado, 28 de enero de 2012

Sin lugar para esconderse

Sin lugar para esconderse.

“La ética es un producto de la evolución social. Es un proceso intelectual tanto como emocional. El mecanismo para ello es la aprobación social para los actos correctos y la desaprobación para los incorrectos. El problema es de actitudes y herramientas”.

Aldo Leopold

1 de Enero de 2012… y el mundo sigue en pie, aunque varios canales de tv, desde hace algún tiempo, han iniciado una desenfrenada y neurótica cuenta regresiva para el fin del mundo.  Es algo enfermizo. Pareciera que no hay suficientes profecías ni meteoritos, o suficientes ADM ni calentamiento global, ni suficientes dioses mayas para mandarnos al otro barrio. Es la paranoia. Nos escurre por la cara. Hay un velo de apocalipsis y hundimiento que  surca la sociedad en este siglo. Pero la más preocupante, lo más aterrador y lo más inverosímil, es que seamos nosotros mismos la amenaza de este planeta y seamos nosotros mismos la única esperanza de supervivencia.

El mundo en que vivimos es un sistema vital que respira, se alimenta y se regenera constantemente. Pero como todo sistema, su operación en algún punto puede llegar a ser insostenible. Tal es la tasa de crecimiento de la población, tal el consumo masivo y desenfrenado que en una simple operación matemática  podemos estimar que en algún lugar del futuro los recursos lleguen a su fin. Hay demasiados agentes detonadores que nos impulsan al colapso, al exterminio del ecosistema. Pareciera que el sistema de desarrollo estuviera basado en la autodestrucción. Es exponencial. Pero es la costumbre lo que nos mantiene devorándonos a nosotros mismos, con el planeta servido en un plato y nosotros con un hambre insaciable. De ahí nace la importancia de la evolución, de la catarsis del pensamiento. 
Hemos sido tercos al ignorar todas las señales que anteceden a una conflagración.  La falta de oportunidades, la desigualdad abismal, la carencia de garantías sociales, la deforestación, la extinción de razas, las hambrunas, el poder ilimitado, todo frente a nuestros ojos, todo esto nos ha expuesto lo macabro que se ha convertido el desarrollo. No hay lugar en este mundo para esconderse e ignorar nuestra responsabilidad. Solo queda una sola opción. Una sola respuesta a la evolución. Es el cambio

Hay muchos caminos que nos llevan a una solución, pero el mayor problema al que nos enfrentamos, es no querer tomar ninguno. Debemos tomar la decisión histórica de vernos como una comunidad integrada en una unidad ecológica, de vernos como parte de algo más grande que nosotros. Reconocernos como sólo una raíz del complejo árbol de subsistencia y evolución. Lo importante ahora es buscar un eslabón común sobre el que fundemos esa decisión. Tener un punto fijo para determinar nuestro rumbo. Sin éste todos los intentos serán vanos. Solo es cuestión de actitudes y de herramientas, tal como nos enseñó alguien que creía en una ética ambiental.  ¿Y cuál es ese factor común? ¿Cuál el ancla y/o el pivote de nuestra evolución? Creo que es el respeto por la vida. Debemos regresar a ese punto de partida. Anular las razones que nos desviaron de ese camino, sin importar cuánto nos cueste. Habrá que olvidar lo grandes que fuimos, las ciudades e imperios que forjamos, la manera en que miramos las estrellas y le pusimos nombres a las cosas. Desde ese entonces nos creímos dueños de todo. La superioridad de la razón nos dio esa fuerza. Pero ignoramos por completo las fuerzas primitivas que mantienen este mundo, ese entretejido natural y simbiótico que respira en cada elemento del planeta. Ahora es tarde para entenderlo. Pero no es tarde para remediarlo. No somos superiores a ningún ser viviente. El mundo no es el lugar salvaje e inhóspito que creímos. Los animales no son criaturas brutales que nada entienden. El tigre no sólo es tigre porque asecha y ruge, el halcón no sólo es ave porque vuela, la montaña no solo es montaña porque es piedra. Todo tiene un sentido. Todo es pluralidad. Todo es una manifestación de la vida. Y la vida se debe respetar sobre cualquier ideal.

Es ahora el cambio. Y todo depende de nosotros.  Demos el primer paso….


Felipe Donoso Suárez
Suba La Bella
Enero de 2012.

lunes, 2 de enero de 2012

Invisible Touch - Variaciones de temas musicales

Esquina del tren
La esquina puede ser lo suficientemente fría y lo suficientemente fea para esperar algo de suerte. Ni siquiera algo como la abulia o el cansancio pasa por acá. Los minutos se escurren. La sangre dentro mio ebulle. Estalla. Crepita. Hay como un quintal de luz sobre el horizonte. Nada pasa. Todo detenido. El perro que ladra es un interrogante. El viejo farol que se bate es un minúsculo ojal . La vida de todos es un coleóptero. Un espejismo. A los dosmilkilometros por hora un viento helado se detiene en el tiempo. Se detiene en mi cabeza de mastodonte, en mis sentidos de piedra. Mi voz apenas se escucha. Llevo quince minutos en la tierra de nadie. En un olvidado cruce de trenes que es como una espiral del universo, una ilusión de la memoria. Dos o tres o cinco personas caminan sobre la plataforma. Un montón de maletas y valijas se apilan sobre el infinito. Un tren negro como la tierra ruge insolencias. Son las dos de la tarde. Hay algo como el silencio que se cuelga de nosotros. Nadie gime. Nadie piensa. Hay una fila de campesinos que si miran y padecen. El guardia pasa silbando bajo. Yo espero en la vieja esquina de la estación. Y depronto mis ojos laten. El corazón salta como una hormiga sobre la azúcar, como un atardecer sobre las olas. Alguien como la luna camina en la suavidad del tiempo. No conozco su nombre. No conozco el olor de su pelo. No se dónde vive. A nadie he preguntado por ella. Solo importa que sean las dos de la tarde para verla. A veces ella me mira sin mirarme. A veces se agacha. A veces se esconde en el mundo. Para mi que tiene un don invisible. Una mano que me agarra y me sumerge. Un brillo inalcanzable.


Felipe Donoso
Suba La Bella. 2 de Enero 2012.