sábado, 28 de enero de 2012

Sin lugar para esconderse

Sin lugar para esconderse.

“La ética es un producto de la evolución social. Es un proceso intelectual tanto como emocional. El mecanismo para ello es la aprobación social para los actos correctos y la desaprobación para los incorrectos. El problema es de actitudes y herramientas”.

Aldo Leopold

1 de Enero de 2012… y el mundo sigue en pie, aunque varios canales de tv, desde hace algún tiempo, han iniciado una desenfrenada y neurótica cuenta regresiva para el fin del mundo.  Es algo enfermizo. Pareciera que no hay suficientes profecías ni meteoritos, o suficientes ADM ni calentamiento global, ni suficientes dioses mayas para mandarnos al otro barrio. Es la paranoia. Nos escurre por la cara. Hay un velo de apocalipsis y hundimiento que  surca la sociedad en este siglo. Pero la más preocupante, lo más aterrador y lo más inverosímil, es que seamos nosotros mismos la amenaza de este planeta y seamos nosotros mismos la única esperanza de supervivencia.

El mundo en que vivimos es un sistema vital que respira, se alimenta y se regenera constantemente. Pero como todo sistema, su operación en algún punto puede llegar a ser insostenible. Tal es la tasa de crecimiento de la población, tal el consumo masivo y desenfrenado que en una simple operación matemática  podemos estimar que en algún lugar del futuro los recursos lleguen a su fin. Hay demasiados agentes detonadores que nos impulsan al colapso, al exterminio del ecosistema. Pareciera que el sistema de desarrollo estuviera basado en la autodestrucción. Es exponencial. Pero es la costumbre lo que nos mantiene devorándonos a nosotros mismos, con el planeta servido en un plato y nosotros con un hambre insaciable. De ahí nace la importancia de la evolución, de la catarsis del pensamiento. 
Hemos sido tercos al ignorar todas las señales que anteceden a una conflagración.  La falta de oportunidades, la desigualdad abismal, la carencia de garantías sociales, la deforestación, la extinción de razas, las hambrunas, el poder ilimitado, todo frente a nuestros ojos, todo esto nos ha expuesto lo macabro que se ha convertido el desarrollo. No hay lugar en este mundo para esconderse e ignorar nuestra responsabilidad. Solo queda una sola opción. Una sola respuesta a la evolución. Es el cambio

Hay muchos caminos que nos llevan a una solución, pero el mayor problema al que nos enfrentamos, es no querer tomar ninguno. Debemos tomar la decisión histórica de vernos como una comunidad integrada en una unidad ecológica, de vernos como parte de algo más grande que nosotros. Reconocernos como sólo una raíz del complejo árbol de subsistencia y evolución. Lo importante ahora es buscar un eslabón común sobre el que fundemos esa decisión. Tener un punto fijo para determinar nuestro rumbo. Sin éste todos los intentos serán vanos. Solo es cuestión de actitudes y de herramientas, tal como nos enseñó alguien que creía en una ética ambiental.  ¿Y cuál es ese factor común? ¿Cuál el ancla y/o el pivote de nuestra evolución? Creo que es el respeto por la vida. Debemos regresar a ese punto de partida. Anular las razones que nos desviaron de ese camino, sin importar cuánto nos cueste. Habrá que olvidar lo grandes que fuimos, las ciudades e imperios que forjamos, la manera en que miramos las estrellas y le pusimos nombres a las cosas. Desde ese entonces nos creímos dueños de todo. La superioridad de la razón nos dio esa fuerza. Pero ignoramos por completo las fuerzas primitivas que mantienen este mundo, ese entretejido natural y simbiótico que respira en cada elemento del planeta. Ahora es tarde para entenderlo. Pero no es tarde para remediarlo. No somos superiores a ningún ser viviente. El mundo no es el lugar salvaje e inhóspito que creímos. Los animales no son criaturas brutales que nada entienden. El tigre no sólo es tigre porque asecha y ruge, el halcón no sólo es ave porque vuela, la montaña no solo es montaña porque es piedra. Todo tiene un sentido. Todo es pluralidad. Todo es una manifestación de la vida. Y la vida se debe respetar sobre cualquier ideal.

Es ahora el cambio. Y todo depende de nosotros.  Demos el primer paso….


Felipe Donoso Suárez
Suba La Bella
Enero de 2012.

lunes, 2 de enero de 2012

Invisible Touch - Variaciones de temas musicales

Esquina del tren
La esquina puede ser lo suficientemente fría y lo suficientemente fea para esperar algo de suerte. Ni siquiera algo como la abulia o el cansancio pasa por acá. Los minutos se escurren. La sangre dentro mio ebulle. Estalla. Crepita. Hay como un quintal de luz sobre el horizonte. Nada pasa. Todo detenido. El perro que ladra es un interrogante. El viejo farol que se bate es un minúsculo ojal . La vida de todos es un coleóptero. Un espejismo. A los dosmilkilometros por hora un viento helado se detiene en el tiempo. Se detiene en mi cabeza de mastodonte, en mis sentidos de piedra. Mi voz apenas se escucha. Llevo quince minutos en la tierra de nadie. En un olvidado cruce de trenes que es como una espiral del universo, una ilusión de la memoria. Dos o tres o cinco personas caminan sobre la plataforma. Un montón de maletas y valijas se apilan sobre el infinito. Un tren negro como la tierra ruge insolencias. Son las dos de la tarde. Hay algo como el silencio que se cuelga de nosotros. Nadie gime. Nadie piensa. Hay una fila de campesinos que si miran y padecen. El guardia pasa silbando bajo. Yo espero en la vieja esquina de la estación. Y depronto mis ojos laten. El corazón salta como una hormiga sobre la azúcar, como un atardecer sobre las olas. Alguien como la luna camina en la suavidad del tiempo. No conozco su nombre. No conozco el olor de su pelo. No se dónde vive. A nadie he preguntado por ella. Solo importa que sean las dos de la tarde para verla. A veces ella me mira sin mirarme. A veces se agacha. A veces se esconde en el mundo. Para mi que tiene un don invisible. Una mano que me agarra y me sumerge. Un brillo inalcanzable.


Felipe Donoso
Suba La Bella. 2 de Enero 2012.