domingo, 19 de febrero de 2012

¿Cómo se construyó el C.C. Calima?


Señores y señoras, los centros comerciales se construyen con gastritis, se construyen con neurosis y apretando nalga. Que nadie diga lo contrario. Hace una semana estuve divagando por el centro comercial Calima y pese a caminar sobre lujosos pisos, pese a ver modernas vitrinas incitándome a comprar cuanta cosa hay, yo no paraba de ver tras de toda novedad, la armazón metálica y frenética de 18 mil toneladas que tantas canas nos hicieron sacar. Todo el lego aun permanece allí. Escondido. Como espiándome sigilosamente mientras devoraba mi cono de $2.000. Parecen ahora muy lejanos esos días en que a partir de las 6:00 de la mañana el jefe de patios recibía cinco mulas  cargadas de acero que enviaba Dennis desde Yumbo. Un lego, sin duda alguna, como un enorme rompecabezas para armarse con sudor y lágrimas. Y llegaban vigas, columnas, riostras, platabandas, atiezadores, repuestos del equipo de stud que Capacho se tiraba cada rato y para colmo de males los muy abyectos no se fabricaban en Colombia. (Se tiró como cinco, le pongo el link para que Capacho se compre tres y se los tire en su casa http://www.alibaba.com/product-gs/448954012/stud_welding_machine.html?s=p ). En fin, desde muy temprano se iniciaban las labores. A decir verdad casi nunca lo pude ver con mis propios ojos porque casi siempre llegué tarde. Lo reconozco ¡Que desfachatez! No hay excusa. Y empezaba todo como una orquesta. Como un gigante sin control. Las grúas telescópicas, las charlas de SISOMA, los cambiaderos, las incapacidades,  los conectores regados por el piso, Jiménez echando madres por el radio, un desorden de la madona en los almacenes, los almacenes de la madona sin pulidoras, las ordenes de servicio vencidas para Carguemos (Viviana Arenas, Cordial Saludo), como cincuenta supervisores de Furec cuadrando nómina, Andrea, Iván, Dairo Moreno y todos los demás revisando nómina, Jiménez echando más madres por el radio, Capacho segundándolo, Esteban $%/&%$ con el jefe, Germán Ocampo $%/&%$ con el jefe, Alejo Sierra $%/&%$ con el jefe, Edgar Reina $%/&%$ con el jefe, Nazly $%/&%$ con todo el mundo, y Fidel acomedido me traía tinto y buñuelo con setenta libras de grasa. Delicioso.

Ahora recuerdo a tanta gente que conocí, tantas peleas y discusiones que nos pudimos ahorrar. Algunas eras justas, otras necesarias, pero la mayoría no, cómo cuando casi me suben a la torre grúa y me tiran de la guaya porque nos quedamos sin soldadura en semana santa (Ingeniera le recomiendo un taller de yoga para control de ira). Ojalá hayamos aprendido todas las lecciones de vida que flotaban por el aire y casi nunca revelamos. Desde la barrera todo se ve más claro. Afortunadamente nunca faltó la risa. Que me dicen de todas las noches tomando cerveza tibia en Chaplin, sobre las escalinatas  de adoquín en el Samper Mendoza, o la comida china y la pizza en la 45, ah! tiempos mozos, cuantas veces disfrutamos de la vida burlándonos de nosotros mismos, como aquella inconsciencia en que Santiago y yo acompáñanos a Urueña a las diez de la noche a recoger a su chica en el campamento,  cruzando entre dos grupos de expendedores de Crack, en la carrilera,  con caneca encendida y todo, cada uno a treinta metros de distancia. Si señores !Menos mal estamos vivos¡ Que falta de todo, y aun así nos divertimos. Pero desafortunadamente no todo fue alegría. Una de las imágenes más perdurables en mi memoria es quizá la desastrosa imagen que nunca llegaré a olvidar. Aquel lluvioso sábado de diciembre, subiendo por las endebles escaleras de andamio hasta el piso nueve, con el estomago en la boca, con tres agentes de la fiscalía acompañándonos. Arriba mi jefe me ofreció un cigarrillo, y en una simple mirada aun la sangre se deslizaba bajo la sábana blanca. Es una tristeza que en esta profesión haya accidentes que tengan que cobrar vidas. Es una realidad simple y escueta. Una verdad desnuda y sin palabras.

Ahora que recorro todos los pasillos pienso que nunca será lo mismo. De una u otra forma todos los que pasamos por allí cambiamos en algo. Dejamos lo mejor de nosotros por construir un sueño de otros, entregamos canas, fuerza, intelecto, sudor, tiempo, pulmones, enseñanzas, aprendizajes. Esta es sin duda alguna mi manera de ver las cosas. Es mi visión del gigante de acero que construimos. Tantos a los que agradecer. Tantos otros a los que ignorar. En fin, doy media vuelta, me alejo por la 30. En mi retrovisor aun veo el centro comercial. Por última vez lo miro antes de dejarlo para siempre.

A la memoria de Adolfo Rubio, quienes sus compañeros recordarán por siempre

Felipe Donoso
Febrero 19 de 2012.

viernes, 10 de febrero de 2012

Poema




Como el oxígeno. Eres como el oxígeno. Como un perfume enterrado bajo la piel. Como la luz sobre las montañas. Como la luz sobre los párpados antes y después del sueño.

Y después del silencio
Aferrada a mí