martes, 24 de abril de 2012

Junto al hospital de suba


Vivo junto al hospital de suba. Y a veces me inquieto por la pasmada gente que espera sobre la calle. Siempre absortos, sumergidos en un tiempo distante y oculto. En la noche muchas luces se apagan, pero desde mi balcón siempre distingo una tenue luz que proyecta un cálido trazo sobre las casas. Pero ellos no la aprecian. Casi nadie advierte esa profunda vibración del sueño. Y llegan ambulancias, sirenas que en su afonía desarman el silencio y largos médicos que fuman en la acera y a veces sonríen y a veces son postes eléctricos que contemplan los segundos. Yo camino por la noche. Me asomo a las ventanas y veo luminosos corredores de gris otoño. Pero mi corazón está perdido en la esperanza. Y me alejo. Voy pensando en las incontables hazañas de mis ojos y mis manos. En la última caricia de las flores. Pero el hospital y mi balcón siempre están juntos. Siempre la misma noche sobre la misma luz. En algún momento también me perderé en los pasillos. Aguardarán sobre la acera. Si quieres liberarme hazlo ahora que el mundo está despierto. Ahora que respiro. 

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