jueves, 6 de septiembre de 2012

El fin del mundo


Indiferencia


El mundo se acabó en septiembre. En tres horas, pero en ese domingo José durmió toda el día. El lunes se despertó con mal aliento. Desayunó de afán dos tostadas y se ajustó la corbata frente al espejo del desván.  Llegó a la puerta sin haberse peinado y en el preciso momento de tomar las llaves, recordó que no había pagado el crédito  bancario. Aun así, con una tranquilidad absoluta, casi obscena, cruzó el umbral y saltó a la calle.

Era viernes. Se puso los audífonos de neón y con cautela se fue caminando entre los destrozos de una ciudad dormida. Iba cantando. El apocalipsis había dejado un descomunal desorden de escombros y ceniza. Pero a él no le importaba. Iba pensando cuán poco dinero le quedaba hasta el fin de mes. Tomó el primer transporte. La ciudad era una grieta oscura que brotaba del subsuelo. La escuela estaba en llamas, el último árbol había sucumbido al hielo y  había unos magníficos pilares de aluminio suspendidos sobre el mar. Parecían astronaves de otro mundo.  Todo el cielo estaba iluminado por una bombilla eléctrica. José se acomodó en la silla del bus. Contó las mismas veinte calles de siempre y en catorce minutos llegó al trabajo.

No había nadie en la oficina. Todo el día estuvo solo. Logró entender los obstinados diagramas de los informes. Se tomó su tiempo para poner todo al día. Contestó sus correos. Ordenó las carpetas. La máquina de café se averió a las once y no alcanzó a deleitar son sexto tinto del día. Almorzó en el pequeño restaurante italiano. Caminó por el parque. Se distrajo en las vitrinas de elegantes automóviles y de urgentes accesorios luminosos. Regresó a la oficina e hizo quince llamadas. A las cinco y media apagó su computador y se fue directo a casa.


Desde la cama prendió las noticias de las siete. Nadia hablaba de nada; no había de que hablar. Pasó por treinta canales y se rindió ante el hastío. Apagó la luz. Desconectó su sombra. Esa noche soñó que estaba solo en el mundo. Que la tierra era una enorme bola de silencio. Se despertó a media noche. No pudo volver a dormir. 

2 comentarios:

  1. Pues si él pasó treinta canales antes de sentirse triste, yo terminé de leer tu cuento y me salió una sonrisa. Abrazo.

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  2. Me gusta. Sabes, pusiste los elementos visuales del cuadro.La bombilla macabra del terror frente a la esperanza de un nuevo día y de acallar el ruido de la ciudad.

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