domingo, 3 de febrero de 2013

Lo insoportable



Muy recomendada la lectura de “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera (1984). Es una novela hábil e intuitiva, escrita como un homenaje al acontecer humano, a su contradicción, su maravillosa contradicción de actuares y pensamientos. Es ágil, lúcida, escrita en tercera persona, pero muy lejos de tener un narrador omnipresente y estático, es una voz inquisitiva y delatora que te susurra al oído cosas que quizá no quieras escuchar. Siempre he tenido la entusiasta y esperanzadora idea de que los libros llegan a los lectores en el preciso momento que deben ser leídos, como un juego macabro que se esconde detrás del tiempo. Éste llegó a mí, por azar, desconociendo por completo el oscuro y  ambiguo universo que había por dentro. Así que espero que algún día, por error o causalidad, amigo o amiga lectora, caiga este libro en tus manos, listo para ser abierto y desollado.

La novela consta de dos partes. Un primer bloque que se concentra en la vida de unos personajes sumergidos en sus propios dilemas, estimulando la imaginación del lector, la aprobación y reprobación de acontecimientos, incitando a juicios morales y éticos. Luego esta primera parte se universaliza. Viene un segundo bloque de interpretación de lo fundamentalmente humano, de una hiriente y aguda reflexión. Nuestra cultura es una construcción de símbolos (Bourdieu) y sobre esos símbolos cada uno interpreta como debe ser su vida. Por ejemplo, yo mismo vivo en la pesadez, en la pesadez física, emocional, mental, y a mi manera de ver el mundo, yo vivo en lo positivo, en contravía de lo que pensó Parménides, quien afirmó que la levedad es el polo positivo en esa dualidad. Pero quizá es demasiado estricto categorizar los extremos de una polaridad, no todo es negativo o positivo.  El ser humano es una hermosa contradicción que vive sumergida en símbolos que apenas logra entender. Que apenas vislumbra desde su cotidiana lucha de significación.

Somos luz u oscuridad?
Somos amor u odio?
Somos traición o lealtad?
Somos peso o levedad?
Somos miedo o esperanza?

Esas simples preguntas nos da para mucho.

“ Si Karenin hubiera sido un hombre y no un perro, seguro que hace mucho ya le hubiera dicho a Teresa: <Haz el favor, estoy aburrido de llevar todos los días el panecillo en la boca. ¿No puedes inventar algo nuevo?> En esta frase está encerrada toda la condena que pesa sobre el hombre. El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir” (Kundera, 1984)

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